Aunque abundantes
yacimientos arqueológicos y testimonios históricos hablan a las claras de la
importancia que alcanzaron los asentamientos celtas y romanos, no sería hasta
los siglos XII y XIII cuando se configure propiamente la villa de Viveiro, tal
como la entendemos en la actualidad. El desarrollo económico experimentado en
esta época se prolongó a lo largo de los siglos XIV y XV, quedando acreditada
su pujanza por el carácter gremial de algunas de sus más antiguas calles -da
pilitaria o da zapatería- por ejemplo, que revela el característico perfil
social y económico de las mejores poblaciones medievales.
Otro tanto es lo que proclaman también los restos del antiguo circundo
amurallado, antaño concebido tanto para la defensa frente a los ataques
exteriores como para el aislamiento de sus vecinos en tiempos de peste. Los
restos de su muralla, que a pesar de su importancia y solidez sucumbió como
tantas otras ante la mal entendida modernidad del pasado siglo, son fácilmente
localizables en el circundo de la antigua villa, aunque casi siempre figuren
incorporados a otras pequeñas edificaciones. A pesar de todo, todavía
permanecen en pie tres de sus seis primitivas puertas: la del valado, que
muestra su origen románico; la de la villa, construida en 1217; y la del
castillo del puente, también llamada de Carlos v, que es la insignia del
Viveiro monumental actual, sobre la que se conservan esculpidas las armas
imperiales del monarca, las primitivas del Reino y las propias de la ciudad.
Del abolengo y relevancia histórica de esta ciudad dan buena muestra igualmente
las profundas huellas que destacados linajes aristocráticos -los Vivero, Cervo,
Pedrosa, Andrade, Pardo de Cela...... han dejado en el perfil urbano de
Viveiro.
Perduran, por ejemplo, algunas de sus grandes casas, de sus armerías esculpidas
sobre piedra y, en especial, alguna de sus obras pías y fundaciones religosas,
como el convento de la Concepción, que dotó y fundó Doña María de las Alas
Pumariño (+1601), o la capilla del Ecce Homo, llamada también de La
Misericordia, que fue levantada a expensas de D. Rodrigo Alonso Alfeirán
(+1608).
Por lo demás, los solos nombres de algunos vástagos de aquellos linajes todavía
resuenan como símbolos de la pequeña historia de la ciudad de Viveiro: la
venerable doña Constanza de Castro (+1498), beatificada por la tradición
popular tras la aparición de su cuerpo incorrupto en la iglesia de San
Francisco, más de cien años después de su muerte; doña María Sarmiento (+1563),
fundadora del famoso Colegio Insigne de la Natividad de nuestra Señora, donde
pasado el tiempo habrían de estudiar muchos de los más ilustres hijos de
Viveiro, especialmente durante el pasado siglo: Castro Bolaño, Trelles
Noguerol, Vicente Manuel Cociña, y sobre todos, Pastor Díaz (+1863), el llamado
príncipe del romanticismo español, miembro de la Real Academia Española de la
Lengua y poseedor además de una larga y brillante trayectoria en la
Administración del Estado de mediados del siglo pasado; una estatua en su honor
preside la Plaza Mayor de la ciudad.
El románico dejó también importantes huellas en las tierras de la ciudad; destacan
las iglesias de San Pedro,de Santa María y la antigua conventual de San
Francisco. Trazas románicas y ojivales pueden también descubrirse en la iglesa
del convento de las dominicas de Valdeflores, en Xunquera. Otro testimonio
igualmente caracterizado de la gran herencia medieval de Viveiro es el largo
puente sobre el Landro, ampliado con toda grandeza en los siglos XV, XVI y
XVIII.
-Puerta de Carlos V.
-Convento de Valdeflores.
-Iglesia de San Pedro.
-Iglesia de Santa María.
-Iglesia de San Francisco.